Aunque te creas capaz,
aunque no dejes ver lo que hay,
aunque las ahogues en la almohada,
la ensopes, las enjugues y las tragues. Son amargas.
Te escucho, pared de por medio,
te siento, a un metro o desde otro mundo, vibrar de pena.
Intuyo tus tormentos, un torrente café (amargo),
un tropel de agrias pesadillas tuyas.
Un letargo de respiraciones entrecortadas,
la lengua entre los dientes y el seño fruncido, mil cosas dirás
jurando y en silencio.
Llorando ausencias y odiando presencias.

Pero no escucho eso, oigo más,
ché pensá en otra cosa pienso en mi cabeza.
Pero todo remite a eso:
que muerde los talones –y se cree capaz de ocultarlo-
plá, no ves como explota y se expande,
el Apocalipsis de tus sentimientos,
que resucitan eh, como el ave fénix.

Mejor que nadie lo sepa.

Ahora late el corazón y,
y volvés a ese lugar y te encontrás torpe.