En el cristal de tus ojos opacos, a pesar de la luna, te desconocía. Envidio tu noche pero también amo tu luz. Cruzamos juntos y el ronroneo del agua nos mece. Mirándote, reconozco esa sombra en tus ojos que es madre y señora de tu pesar. Y aunque no conozco esa herida, así igual, la siento mía. Quisiera lamerla. Si pudiera abarcarla aún así: ¿la harías mía?